Si hasta ahora nos habían explicado que vivíamos en un entorno VUCA, (Volátil, Incierto, Cambiante i Ambiguo) ahora, con la crisis de la COVID-19 y los cambios que estamos experimentando, hemos pasado de un entorno VUCA  a un entorno VUCA+I, donde todo es aún más volátil, incierto, cambiante, ambiguo y, además, incomparable. 

No tenemos experiencia alguna en lo que estamos viviendo. No es nada parecido a las crisis del siglo XX y XXI, y ni tan siquiera a las dos posguerras mundiales. Nadie, ni políticos, ni economistas, ni científicos, sabe muy bien qué hacer y qué pasará en un futuro inmediato.

Si bien es cierto que hemos pasado pandemias peores en nuestra historia,  la movilidad, la información y el miedo no eran lo mismo. 

En el pasado, alcanzábamos en una jornada a caballo no más de 45 km, y solo eran unos pocos los que lo hacían. La información viaja aún más despacio y las noticias podían ir de un lado al otro del país pasados unos días o incluso semanas y, finalmente, el miedo, el valor de la vida, la salud, la seguridad y el bienestar, eran totalmente diferentes a los de ahora.

Hoy en día la movilidad es total y rápida, la información casi instantánea, y curiosamente tenemos muchas cosas para sentirnos seguros, pero somos una sociedad con más miedos que nuestros antepasados. (Hay quienes dicen que el consumismo se apalanca en las inseguridades de las personas para vender más.)

Sea lo que sea, este entorno incomparable, lleno de información y miedos, hace aún más difícil el entorno VUCA + I.

Esta es la realidad o, mejor dicho, una de las realidades, porque podemos observar con diferente mirada la situación actual y ver que también este entorno incomparable puede jugar a nuestro favor para combatirla.

Para empezar, podemos observar que en este escenario actual está todo por hacer. Nuestros hábitos de compra y uso han cambiado, y también nuestras prioridades en cuanto a lo que necesitamos, y por eso se abre toda una serie de oportunidades en todos los ámbitos.

Si seguimos observando con más detenimiento nuestra realidad, podemos ver que, hasta hace no mucho tiempo, eran las generaciones adultas las que explicaban a los más jóvenes cómo funcionaban las cosas, cómo funcionaba el mundo. Pero ahora son los jóvenes quienes en muchas ocasiones explican a los mayores cómo funcionan las cosas, cómo funciona el mundo actual, cómo funciona la tecnología. Hay un cambio de paradigma. 

Por ello, podemos romper el paradigma de la experiencia para crear cosas que se sostengan con el futuro y no que se sostengan con el pasado, con pensamientos y estructuras anacrónicas.

Podemos descubrir nuevas necesidades y preferencias y crear propuestas que no alcanzan ahora nuestra imaginación, pero que pueden aportar el equilibrio a nuestra sociedad y a nuestro mundo. Todos, o la gran mayoría de nosotros, sabemos que no vamos bien, ya sea por el cambio climático, la diferencia entre ricos y pobres, la diferencia entre el primer y el tercer mundo, la disminución de recursos naturales, el incremento de la polución, el plástico en los mares, el egoísmo de los países o gobiernos y las amenazas entre unos y otros, y el poder de algunos lobbies, por citar algunos de ellos. (la lista es muy larga).

La gran mayoría, cuando tomamos consciencia, vemos que el trayecto pinta mal. Por ello, debemos despertar, debemos ser capaces de ayudarnos para crear algo que valga la pena para las nuevas generaciones.

Así, la única vía que nos puede llevar a ese nuevo paradigma es la innovación. Es el camino por el cual andamos sin miedo, con curiosidad, con pasión, con alegría y con esperanza. Porque innovar, innovar de verdad, es avanzar por ese camino que al final del cual,  siempre encuentras algo nuevo o mejor, de lo que tenías cuando empezaste. 

Porque podemos innovar para controlar la pandemia, sin perder libertad. Podemos innovar para reducir la polución, podemos innovar para crear nuevas estructuras políticas y sociales, podemos innovar para reutilizar recursos naturales, podemos innovar para reducir la brecha entre ricos y pobres, podemos innovar para crear otra economía de escala sostenible y equitativa, podemos innovar en nosotros mismos, en nuestros actos, valores, prejuicios o motivaciones. 

Podemos innovar en todo aquello que queramos, basta tener el coraje de empezar el camino. Porque innovar es, simplemente, atreverse a abrir la ventana y ver con una mirada consciente qué pasa en la calle.

O si no… ¿qué se te ocurre para salir de esta situación sin cambiar cosas, sin cambiar maneras de hacer, sin cambiar nada?

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